DE FIESTA CON CARMEN LATORRE

por Clara Guzmán

Un espectacular vestido de Carmen Latorre. Foto: © @andrewjim

Es la tercera vez que la firma Carmen Latorre visita telademoda. Primero nos mostró sus singulares trajes de flamenca, luego los de novia y ahora llega con los diseños de fiesta, una línea con la que se sienten felices, porque saben lo gratificante que es tener una especie de varita mágica para hacer realidad los sueños de sus clientas. Hablar con Carmen Corpas es conocer los entresijos de una profesión que va más allá de cortar un traje a la medida. Junto a su madre, que da nombre a la firma, ha levantado una empresa en un sector, la moda, donde no todo es coser y cantar, aunque Carmen confiesa que ama su trabajo y le echa no sólo horas, sino mucho cariño. Y eso se nota.

Colores empolvados para este diseño de Carmen Latorre. Foto: © @graphicnatural

Desde Mairena del Alcor, la firma Carmen Latorre (www.carmenlatorre.es) se despliega para atender a su clientela, “para poner los cinco sentidos”, como dice Carmen, en un trabajo con varios frentes abiertos. Hoy vamos a hablar de la fiesta, de esos vestidos que en muchas ocasiones llegan de la mano de la novia. “Vienen con la madre, la madrina, hermanas… Y cada una tiene su idea y su personalidad. En el taller podemos confeccionarles a medida uno de nuestros diseños, modificado en forma y colorido, al igual que los que disponemos de la marca Marfil Barcelona (www.marfilbarcelona.com). “Llevamos con nuestra línea de fiesta alrededor de quince años y con la marca muchos más. Yo entré a trabajar con 19 y de eso hace ya tiempo…”

Un diseño de la firma Marfil Barcelona, que también podemos encontrar en Carmen Latorre

“Hay quien me ha etiquetado de clásica, de tradicional, pero una pieza que te pongas hoy tiene que seguir joven dentro de veinte años”. Entonces le cuento la anécdota del torero Rafael Gómez El Gallo, cuando un componente de su cuadrilla le preguntó el significado de clásico. “Clásico- dijo el matador de toros-, es lo que no se puede hacer mejor”. A Carmen le hace gracia y añade: “Creo que hay que escuchar a la veteranía. Mi madre sigue conmigo; sí, es la materia gris de la empresa. Asesora y cuando hay que hacer un trabajo de costura delicado se encarga ella. Nos conjugamos muy bien, mi madre aporta su maestría y yo los toques de creatividad”.

En el taller de Carmen Latorre, en Mairena del Alcor. Foto: © @ernestocastillofoto

Le comento que hay muchas mujeres que le temen a los trajes de fiesta porque hay hechuras que las avejenta. “Nosotras tenemos que estar actualizadas, conocer las tendencias, porque cada vez hay más personas que visten de una manera jovial y no quieren ir disfrazadas cuando asisten a un evento. Hay que hablar con las clientas y conocer su personalidad. Hoy en día, señoras de edad madura trabajan, se cuidan, van al gimnasio, tienen una forma de vida muy activa. Quieren colores vivos que transmitan alegría y buenas sensaciones. Es curioso pero tonos como el marrón están totalmente anulados. Los verdes, los fucsias, los rojos, los malvas, los naranjas, están de última moda, incluso en invierno”.

La fiesta interpretada por Marfil Barcelona

Los tejidos, que Carmen Latorre adquiere en Barcelona y en la sevillana Flamentex, donde en ocasiones hacen estampados en exclusiva, tienen que tener una base de lycra. “El crepé de satén con lycra es muy demandado. Todo el mundo quiere lucir la figura porque para eso se cuida, pero sin olvidar que luego van a bailar, a moverse, que no quieren ser prisioneras de sus vestidos. Es verdad que los diseños suelen ser de corte sirena, pero están realizados para permitir la movilidad. No pesan y en el caso del tul suelen contar con volumen en la cintura. También jugamos con las transparencias de una manera elegante, porque es un juego muy seductor, muy femenino”.

Estampado alegre y jovial, en exclusiva para Carmen Latorre Foto: © @ernestocastillofoto

Carmen Corpas dice que se llevan las capas tanto para novias como invitadas, así como la manga larga o francesa ablusada; una manga de gasa. “A nosotras nos llena de satisfacción que las clientas vuelvan cuando van a casar a su segundo hijo, que vuelvan con la confianza de que hemos puesto los cinco sentidos en que saliera satisfecha. Un probador es como un confesionario. Cuando te cuentan sus interioridades es que están muy a gusto, porque no sólo consiste en comprarse un traje, sino en el acontecimiento que van a vivir. No todo el mundo casa a un hijo todos los días. La ropa habla y ellas van a recordar esa prenda con cariño. Estas cosas las aprendes con la veteranía y sobre todo amando tu trabajo, como lo amo yo”.

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