HOTEL DON RAMÓN, UN OASIS DE PAZ Y LUJO EN SEVILLA

por Clara Guzmán

Sevilla está de moda por sus cada vez más sugerentes atractivos, así como por su gran oferta hotelera. ¿Son necesarios tantos cinco estrellas gran lujo en la ciudad? Si reúnen las características del Hotel Casa Palacio don Ramón (www.hoteldonramon.com) bienvenidos sean. De capital cien por cien andaluz, pertenece a Kaizen Hoteles, cuya propietaria es Marisa Cuñado de Azcárate. Situado en la calle Trajano, 2, consta en la actualidad de veintiséis habitaciones, que se ampliarán en año y medio hasta cuarenta. Su excelencia es marca de la Casa, que tiene en su haber el hotel La Malvasía en El Rocío, Almonte (Huelva) y la Casa Palacio María Luisa, cinco estrellas gran lujo, en Jerez. ¡Vamos a verlo!

He tenido la suerte de que la directora y la relaciones públicas del hotel, Saray Castaño y María Donoso, respectivamente, me invitaran, junto a otros periodistas, a conocer de forma pormenorizada la nueva creación de la cadena Kaizen. Nos recibe un delicioso perfume a azahar, seña de identidad aromática del hotel. Aquí todos los detalles están cuidados al milímetro. No hay nada fuera de lugar ni de sitio. Para empezar, las obras del edificio, que data de finales del siglo XV, tienen la factura del estudio de arquitectura de Pedro Rodríguez de Pineda. La decoración, de la interiorista Alejandra Pombo, con simpáticos guiños a Sevilla en sus abanicos y flecos y las obras de arte llevan las firmas de Inés Loring, Ana Feu o Rocío Terry.

El hotel Don Ramón es un canto muy afinado a la artesanía, porque lo hecho a mano, además de la paz que respira todo el edificio, son los grandes lujos del siglo XXI. En la nómina de artesanos, el jerezano José Ignacio Soto, creador de los muebles a medida; María Escudero, autora de los blocs de notas de papel japonés y los vacía bolsillos que los clientes, la mayoría americanos y asiáticos, encontrarán en sus habitaciones. La cerámica, los azulejos y algunas de las soberbias lámparas son de Guadarte; otras, también espectaculares, del artista Fernando Oriol; las vajillas son las clásicas de La Cartuja de Sevilla, pero personalizadas con el naranja oro, el color corporativo del hotel. Y las telas. ¡Ay, las telas!

Igual que Zurbarán las hizo protagonistas en la mayoría de sus obras, aquí, en el hotel Don Ramón, acaparan todas las miradas desde que se traspone la puerta. Telas magníficas en las cortinas, en las butacas, como esa tan coqueta tapizada en «tweed»; sí, el tejido chanel por antonomasia; en las colchas… Aquí no hay nada puesto al albur, no. Aquí no se ha dado puntada sin hilo. El edificio, como todos los de la cadena Kaizen, es rico en patrimonio histórico artístico, pero en su restauración se ha apostado por adaptarlo al siglo XXI, al incorporar la tecnología más puntera y sostenible. Es decir, aislamientos térmicos y acústicos, sistemas antihumedades, climatización silenciosa, aerotermia y geotermia, circuitos cerrados de agua, aromatización, cristales climalit de varias capas o un suelo de radiante empedrado.

El hotel, que fue sede de la Cámara Agraria, está dividido en tres plantas, como la mayoría de las casas señoriales andaluzas. Tiene dos patios interiores, el de los limones y el de los naranjos, una piscina exterior, un «rooftop» (bar en la terraza) con vistas espectaculares; un gimnasio, una sala de reuniones y el restaurante El Limón, a cuyo frente está el chef sevillano Carlos García. Las habitaciones se enmarcan en tres categorías, que se pueden distinguir perfectamente por su decoración: árabe, mozárabe y Nuevo Mundo, a las que hay que sumar las suites Sevilla y Don Ramón, ésta última de un conseguido y exquisito estilo inglés, ambas en la última planta. No hay dos habitaciones iguales en el hotel, como corresponde a su categoría.

Entre los caprichos que nos podemos permitir por ser un hotel cinco estrellas gran lujo es la elección del tejido de las sábanas: algodón egipcio, seda o lino. Pero en lo que están volcados sus por ahora treinta trabajadores es en que ese sueño romántico del Hotel Don Ramón no se desvanezca. Porque Don Ramón tiene su historia, ficticia, pero es el hilo conductor del hotel, la razón de ser de esta aventura empresarial. Don Ramón fue un indiano que regresó de América con la fortuna suficiente como para mandar construir una casa palacio. Una casa palacio que hoy se ha convertido en un distinguido hotel de cinco estrellas gran lujo. Distinguido en el fondo y en la forma. ¡Enhorabuena, Marisa Cuñado de Azcárate!

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2 comentarios

Lucía 18 julio 2023 - 20:26

Buenas tardes, precioso hotel. Y según el texto un paraíso para los sentidos.

Clara Guzmán 18 julio 2023 - 21:45

Buenas noches, Lucía. Muchas gracias por su comentario. Sí, el hotel es precioso, el hotel cinco estrellas gran lujo que se merece Sevilla.
Saludos.

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