ÁNGELES ESPINAR, LARGA VIDA AL MANTÓN DE MANILA

por Clara Guzmán
Reportaje realizado en el Palacio de Orleáns de Villamanrique de la Condesa. Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

María José Sánchez es la tercera generación de una saga de bordadoras de mantones de Manila y mantillas de Villamanrique de la Condesa, Sevilla. Su firma lleva el nombre de su madre, Ángeles Espinar, la primera bordadora en posesión de la Medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes, entregada en Toledo por los hoy reyes eméritos, en el año 2007. Pero su abuela, Inés Díaz, ya contaba con talleres en el pueblo, en la década de los treinta del siglo pasado.

María José Sánchez, en su taller. Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

Ahora, una pandemia ha venido a dar un vuelco al habitual trajín de la Casa. Las bordadoras están en el paro, los pedidos, anulados, incluso uno que ya estaba en el bastidor. Pero María José dice que no hay que cruzarse de brazos y aquí sigue, inasequible al desaliento, utilizando los recursos que hoy le ofrecen las redes sociales para mostrar el gran patrimonio artesanal que se puede adquirir en su tienda “online” (www.angelesespinar.com). Además de sus mantones, ha lanzado la línea “Espinar Antique”.

Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

“Son mantones antiguos, de época, hechos a mano para no perder nuestra idiosincrasia. Nosotros los restauramos, los limpiamos y los ponemos a la venta junto con los nuestros”. Con su gran conocimiento del oficio, me cuenta cómo diferenciar un mantón artesanal del que no lo es. “Un mantón bueno no sólo se reconoce por su peso, sino por el bordado. Los de importación suelen tener un bordado plano, con dibujos y estilos iguales, siempre con el mismo patrón y con flecos endebles para abaratar costes”.

Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

“El estilo de nuestros mantones sigue la línea de los antiguos, además teñimos las sedas a mano con cuatro o cinco colores de la misma gama cromática, para que una vez bordado los tonos queden más naturales. El bordado a mano se distingue por el volumen. El peso del mantón, casi siempre de seda natural, aumenta al contar los dibujos con un mayor número de hilos, así como con flecos de calidad. Pero la gente no valora la artesanía y el trabajo del mantón está en vías de extinción”.

Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

“No hay relevo generacional”, dice María José, con una hija que ha cursado una doble titulación, que ahora la ayuda por las circunstancias de la pandemia, pero sin intenciones de seguir en el oficio. “Lo mantenemos a duras penas; tampoco hay subvenciones de las instituciones: Pedí una para la página web y aún no ha llegado. En bordar un mantón se tarda de tres a seis meses, en función de la cantidad de flores y de la medida de la flor u otro motivo”.

Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

María José ha dictado conferencias sobre el mantón de Manila en la Universidad de Sevilla, en el Museo Thyssen y en La Térmica de Málaga. Además de una experta en el oficio, conoce al dedillo su historia. “El origen del mantón está en los bordados de los trajes, de los kimonos y de las chaquetas de las familias pudientes de la corte de China. Los primeros, de los años 1830 a 1850, eran con escasos bordados y unos flecos muy cortos. Se bordaban en Macao y en Cantón, pero llegaban a España en el galeón de Manila, Filipinas”.

Foto: © Sebastián Delgado Muñoz

“La razón era que hacían escala en las colonias de ultramar. Parte de la mercancía se quedaba en México y el resto llegaba a Sevilla a través de Veracruz”. María José, que tiene clientes por todo el mundo y hace también mantones de Manila personalizados, como uno muy original que realizó para una sevillana residente en Dubai, acaba de ser incluida en la prestigiosa guía de artesanía europea “Homo Faber”. “Un mantón es una buena inversión, pasa de generación en generación. Además, su uso ya no está tan limitado, también se puede utilizar para casarse o ir de sport”.

Entradas relacionadas

Deja un comentario

cinco × 4 =