Elsa Schiaparelli: El arte en la moda

28 de agosto de 2011

 

Había nacido en Roma en 1890 y era la segunda hija de una familia ilustrada. Poco agraciada, según los cánones de la belleza, Elsa Schiaparelli estaba dotada de una gran sensibilidad que la llevó a cultivar en secreto la poesía. Tras un turbulento matrimonio, aterriza en París en 1920 procedente de Estados Unidos. Su fortuito encuentro con Paul Poiret  fue decisivo, ya que el modista supo apreciar la veta creativa de la joven, de la que fue su mentor.

«Bon vêtements de travail», o lo que es lo mismo ropa de trabajo de calidad. Así rezaba el eslogan que en 1935 Elsa colocó en su primer salón de Moda de la Place Vendôme, enfrente del Ritz parisino, aunque ella pasara después a la historia no como mujer práctica, sino atrevida y excéntrica. Una trayectoria que empezó con un jersey negro, adornado con un lazo blanco, que asemejaba una mariposa.

Su primera clienta fue la famosa guionista de Hollywood Anita Loos, autora de «Los caballeros las prefieren rubias». El cubismo y el surrealismo influyeron en sus diseños. Introdujo la manga pagoda, una manga de anchos hombros; tiñó pieles y las nuevas cremalleras de plástico, del mismo color que las telas, las colocaba a la vista, en vez de esconderlas. Lanzó broches fosforescentes y la compañía francesa Colcombert produjo para ella una tela impresa con noticias de periódicos, con la que hizo pañuelos. Sus botones eran tan originales como los que tenían al circo de protagonista: Una chaqueta de seda y brocado, decorada con caballos de tiovivo, se abrochaba con acróbatas en plena pirueta. Dos de sus más famosos sombreros tenían las  formas de un cono de helado, el uno, y de chuletas de cordero, el otro.

 Dalí y Picasso

Enlazar el arte con la moda le abrió las puertas de un éxito que dejó estela, ya que de sus ideas se siguen nutriendo los más atrevidos diseñadores. «La moda -solía decir- nace de pequeños hechos, de tendencias, de acontecimientos históricos, nunca tratando de fabricar plisados o hacer vestidos más o menos largos». Se inspiraba en pintores como Picasso o Salvador Dalí, responsable del diseño de un bolso de terciopelo negro con la forma de un teléfono con disco dorado. Jean Cocteau realizó poéticos dibujos para sus bordados. Los pintores Christian Bérard, Vertès y Van Dongen trabajaron para ella, al igual que el poeta Louis Aragon y los polifacéticos  fotógrafos Cecil Beaton y Man Ray. Elsa Schiaparelli revolucionó la moda entre 1930 y 1940 e incluso el mundo de la estética del perfume. «Shoking», su esencia preferida, salió al mercado en 1939 y, al parecer, la artista Leonor Fini diseñó el frasco tomando como modelo un  torso con las medidas que la actriz Mae West había enviado a Schiaparelli. Diseño en el que, andando el tiempo, en el año 1993, se inspiraría Gaultier para su perfume de mujer Jean-Paul Gaultier.

 A muerte con Chanel

Schiap, como la llamaban los amigos, fue coetánea de Coco Chanel. Era vox populi que, debido a los malditos celos profesionales, se llevaban a matar.  Para el lector curioso (en el buen sentido de la palabra curioso) hay que apuntar que, según cuentan las crónicas, las dos aparcaban su exquisito marchamo para ponerse en jarras y cual dos descaradas vecindonas decirse de todo menos bonitas. Coco se refería a Schiap como «esa italiana que hace vestidos», mientras que para Elsa la divina Chanel era  «esa aburrida provinciana».

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