Al rico estilo «homeless»

25 de abril de 2011

La diseñadora Vivienne Westwood, de "homeless"

La moda en las capitales de la moda es parecer un «homeless», un «clochard», un «vagabundo», un pobre de solemnidad en esta tierra de garbanzos, llevando ropa que cuesta un potosí, un congo o un disparate. La tendencia no es nueva, qué va. Ya en los noventa la sacó a las pasarelas el ángel caído de Dior, un tal Galliano.

Pantalón vaquero de Dsquared

Me lo ha recordado Michel Meyer, en un artículo en el pulso. Me ha recordado varias cosas, entre ellas, el tobogán de la vida que es la condición humana. Hoy te suben al pedestal y mañana te bajan con la rapidez con la que se desliza uno por estas rampas. En los años noventa, el  ahora denostado genio de la moda apostó por el estilo vagabundo. Los «sin techo» se manifestaron a las puertas de Dior y se armó la revolución. Bueno, la revolución es un decir, porque entonces no había redes sociales que arengaran a la gente. El caso es que ese estilo tuvo su hacedor, al César lo que es del César y no hagamos leña del árbol caído, en el chico gibraltareño que un año visitó el taller de trajes de flamenca de Lina en Sevilla. Los dos se quedaron prendados. El uno, de las batas de cola de la maestra de la aguja; la otra, de la educación y los buenos modales de aquel alfeñique, que chapurreaba el castellano. Ese alfeñique, al que todos elogiaban, cuando tocaba elogiar, y al que desdeñaron cuando la todopoderosa Casa Dior puso bocabajo el dedo pulgar. Una historia  con un argumento muy del estilo de las novelas de Balzac. Esas que, como la voluble condición humana, no pasan nunca de moda.

Distintos estilos de pobres de solemnidad

Esta tendencia «homeless», que ha revivido en la actual época de crisis, más virulenta que la de los noventa, es un falso reflejo de la sociedad del momento. El estilo vagabundo o pobre de solemnidad es de un esnobismo hiriente. Si esnob es aquel que imita con afectación a quien considera distinguido, ¿cómo calificaríamos al que compra un pantalón roto de una firma de campanillas al exorbitante precio de 300 euros, unos zapatos zarrapastrosos por 500 o un traje deshilachado por una cifra astronómica? 

Pantalones rotos de Dsquared

Marcas como Dolce&Gabbana, Givenchy o Dsquared se han unido a la tendencia que hace furor en las mecas de la moda.  El estilo pobre de solemnidad es decididamente de ricos; mejor dicho, de nuevos ricos, ansiosos de descollar. De todas formas, y aunque huela a apolillado por el tiempo, yo me quedo con la tesis de Thorsnstein Veblen en su «Teoría de la clase ociosa», escrita a finales del XIX: «Un traje barato hace a un hombre barato».  En este caso, un traje aparentemente barato ¿Que es indignante? ¿Que es insultante? No mucho más que llevar un traje de pobre de solemnidad por el precio de un terno hecho a medida.

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